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La izquierda del capitalismo

 

Marcos Roitman Rosenmann (La Jornada) - Publicado en Visiones Alternativas de Prensa Latina. Marzo 27, 2011

No cabe duda, la obligación de adjetivar las conductas de los partidos socialdemócratas y progresistas como pertenecientes a la izquierda trae consigo ejercicios teórico-ideológicos propios de un malabarismo intelectual. Es común hablar de la existencia de una "izquierda institucional", sobre todo cuando nos referimos a organizaciones políticas cuyas bases doctrinales no cuestionan el capitalismo, factor suficiente para negarles el calificativo de izquierdas. No debemos olvidar que la socialdemocracia y los llamados reformistas no compartían las premisas del capitalismo.

La estrategia cuestionada era la forma de enfrentarlo, la transición al socialismo. El dilema se expresaba dualmente: reforma o revolución. Ahora, el problema es otro. Quienes se autodefinen pertenecientes a la "izquierda institucional" comparten y aceptan las reglas del juego de la economía de mercado. El hacerlo trae consigo consecuencias inmediatas. Su decisión conlleva avalar el proceso de concentración y centralización del capital como mecanismo para la creación de riqueza. Por consiguiente, dentro de sus programas desaparece la crítica de fondo a las relaciones sociales de explotación sobre las cuales, el capitalismo, construye y ejerce el poder político. Los militantes de esta nueva izquierda institucional, parecen sentirse cómodos navegando en las aguas del capital.

Eso sí, para justificar el abandono de la lucha anticapitalista, la izquierda institucional y la socialdemocracia utilizan argumentos maniqueos y pedestres. Su lógica consiste en negar la lucha de clases y la división social del trabajo basada en la propiedad privada de los medios de producción. De su lenguaje han desaparecido, por arte de magia, los capitalistas y con ello la dualidad explotados-explotadores. Asumen, sin cuestionar, una visión del mundo donde el imperialismo y los intereses depredadores de las trasnacionales se esfuman en pro de la ideología de la globalización. Sin explicación coherente enfatizan el sentido armónico de la globalización, promoviendo una gestión de la crisis con rostro humano.

Según ellos, todos somos responsables y debemos compartir costos. Así sugieren un pacto estratégico entre trabajadores y empresarios, considerándolos parte de un mismo equipo con las mismas metas. De esta manera, nadie quedaría excluido de los beneficios de un trabajo solidario. Ni ganadores ni perdedores. Si actuamos con tino, nadie se verá perjudicado. Es el dilema del prisionero extrapolado ante las relaciones sociales de explotación. Si se coopera se consiguen los objetivos, todos obtienen beneficios. Los trabajadores mantienen su empleo, aunque sea en peores condiciones, y los empresarios, ya nunca más capitalistas, verán aumentar sus ganancias y con ello invertirán, incrementándose el producto interno bruto. Un verdadero pacto de caballeros. Puestos en esta lógica, el quid del capitalismo cambia de eje, no se encontraría en las relaciones de explotación. Su sitio se ubicaría, a partir de ahora, en la fuerza autorregulada de la economía de mercado para satisfacer las necesidades de los consumidores.

Para la nueva "izquierda institucional" y la socialdemocracia, el capitalismo debe redefinirse como un sistema político destinado a generalizar los beneficios de la economía de mercado. Con ello, lo importante es consumir, no importa qué, cómo y cuándo. Se trata de garantizar el acceso al mercado y formar parte de un ejército de consumidores diferenciados por la calidad y la cantidad de los productos que adquiere. Unos comerán angulas, caviar, beberán champagne, conducirán Lambordinis, Mercedes Benz , irán de vacaciones en yates y viajarán en primera clase; otros, en cambio, deberán conformarse con sucedáneos, imaginarse unas vacaciones virtuales, utilizar el transporte público, consumir gaseosas o tomar agua no contaminada, en el mejor de los casos. Pero tampoco se olvidan de los menos agraciados, quienes sobreviven con menos de un dólar al día o simplemente no tienen ni eso. Para este sector social les aplican el criterio de políticas para pobres. Podrán comer, tendrán un trabajo precario, y se verán avocados a la miseria, la exclusión y la marginalidad. Pero siempre tendrán una opción de salir adelante, en sí son capital humano y ese es su máximo activo. El mercado está siempre atento para recibirlos con las manos abiertas.

En otro orden de cosas, la "izquierda institucional" traslada el debate de la ciudadanía plena y la centralidad de la política a la esfera de la eficiencia y la racionalidad económica para lograr un mejor funcionamiento del mercado. No tienen empacho en señalar que están actuando en beneficio de todos y en favor del progreso de la humanidad. Muy a su pesar, sólo les queda constatar la pérdida de los derechos laborales, sindicales y políticos en beneficio de la comunidad del mercado. Cómplices del secuestro de la democracia, se manifiestan en pro de los tratados de libre mercado, las trasnacionales y los grandes capitalistas. Asimilados a los postulados del capitalismo se han transformados en sus cancerberos. Adoptan la función del policía bueno. Mientras critican las maneras políticas de la derecha neoliberal y conservadora, ellos encarnan, dicen, el bien común y la moral pública. Pero ambos son la cara y cruz de una misma moneda y comparten un mismo objeto, doblegar la voluntad de las clases populares. Para ellos no hay alternativa al sistema, es mejor someterse y vivir de acuerdo a las leyes del mercado. Luchar contra el capitalismo es un suicidio, porque éste siempre gana.

No hay por donde equivocarse, gracias a la izquierda institucional y la socialdemocracia, el capitalismo se reinventa y queda absuelto de ser un orden de violencia, deshumanizante, asentado en la desigualdad, la explotación y la injusticia social. Por consiguiente, es mejor llamar las cosas por su nombre y quitarle la máscara a esta nueva izquierda y sus aliados socialdemócratas. Es más apropiado llamarla izquierda del capitalismo, concepto apegado a sus prácticas y claudicaciones estratégicas de lucha anticapitalista. Por este motivo, démosle la bienvenida, poniendo al descubierto sus espurios intereses que consisten en mantener inalteradas las estructuras de explotación inherentes al modo de producción capitalista.

EMPRESAS SOCIALISTAS CRECEN CON MODELO PROPIO

Caracas, 08 Jul. AVN (Lena Jahn).- Toda fábrica capitalista persigue el mismo fin: incrementar la ganancia. El empleado es el medio para lograrlo y su bienestar figura poco o nada entre las metas del empleador.

En una empresa socialista la ganancia no se descarta, pero se concibe como parte del proceso necesario para su crecimiento y sustentabilidad, con un fin distinto al capitalista: mejorar la calidad de vida del trabajador con algo más que un salario.

La reflexión corresponde al presidente de la fábrica china-venezolana Orinoquia, Kai Chen, quien refiere a elementos como la horizontalidad en la toma de decisiones y la conjunción de opiniones en la estructuración de las reglas, acordadas y nunca impuestas, en el diseño de un modelo propio.

Desde el pasado 21 de mayo, esta empresa trabaja en Caracas en la confección de celulares bajo el esquema de producción socialista que promueve el Gobierno Nacional, concebido como el revés del mecanismo capitalista de explotación laboral y de la máxima ganancia.

La experiencia se vive igual en la fábrica Venezolana de Telecomunicaciones (Vtelca), donde el ensamblaje de celulares “es un tránsito hacia el socialismo”, tal como sostiene Akram Makarem, presidente de la empresa.

“Corresponsabilidad, solidaridad, democracia y unidad de acción son los valores que nos caracterizan como empresa socialista”, señala, y pronostica perspectivas de crecimiento que satisfagan las elevadas exigencias de calidad del venezolano.

Asegura que la producción de Vtelca, hoy cercana a los 5 mil celulares diarios, no se quedará en los anaqueles, en virtud de la alta demanda que se registró en mayo del año pasado, con el lanzamiento del teléfono Vergatario.

“El creciente poder adquisitivo del venezolano y nuestros precios solidarios garantizan que todo lo producido será adquirido”, afirma.

En socialismo, ha sido posible incrementar la producción de Vtelca hasta hacer en un día lo que hace un año se hacía en una semana, en condiciones de dignidad para los trabajadores.

“La aspiración es nunca bajar nuestro rendimiento sino seguir creciendo, en la misma medida en que crecen los beneficios de nuestros trabajadores y satisfacemos las necesidades de comunicación de los venezolanos”.

Ciudadanos, luego empleados

Orinoquia funciona hoy con dos líneas de producción. Que marchen sin tropiezos en ninguno de sus procesos es responsabilidad de Olga Guerrero. Viene del 23 de Enero y fue seleccionada, a través de la Misión Sucre, para integrar el equipo de trabajadores.

“Es mi labor velar por que todo fluya sin problemas, que la producción no se detenga”, dice orgullosa, tras dos meses de entrenamiento que hoy le permiten desenvolverse con total seguridad en su puesto de trabajo.

Asegura sentirse contenta como venezolana, por los pasos dados hacia la soberanía tecnológica, y como empleada de Vtelca, por la posibilidad de ejercer un oficio digno y de justa remuneración.

“Nos han tratado muy bien, todos los días nos dan entrenamiento para mejorar nuestro desempeño y además tenemos un buen paquete salarial”, comenta.

Andry Medina, operador de línea de producción, comparte el sentimiento de Olga. Es de Petare y fue seleccionado por su consejo comunal para formar parte del equipo Orinoquia.

“El aprendizaje y conocimiento que estoy absorbiendo en materia tecnológica es una experiencia única para mí”, comparte.

Kai Chen señala que más del 70% de los empleados de Orinoquia provienen de Petare, populoso sector del estado Miranda, quienes desarrollan procesos paralelos de desarrollo en sus comunidades con apoyo de la empresa.

“Hay una relación directa entre la productividad laboral y el progreso social, pues mantenemos el vínculo entre los trabajadores y su comunidad”, destaca.

Así, proyectos socioproductivos que adelantan los consejos comunales reciben apoyo financiero por parte de Orinoquia, a través de sus excedentes.

Igualmente, se impulsa la creación de la empresas comunales conexas que, más adelante, podrán dedicarse a fabricar partes y complementos de los equipos, como forros, cargadores, carcasas, baterías y manos libres.

“No es sólo poner el dinero sino ayudar a que la comunidad se desarrolle a través de la capacitación, en contraste con los capitalistas que ven al empleado como su propiedad, no se detienen en sus individualidades y conciben sus actividades como oficios mecánicos con el único fin de producir”, explica Chen.

La estrategia de Orinoquia responde al abordaje que una empresa socialista hace del ser humano y su contexto, entendiéndolo como ciudadano, con deberes y derechos, antes que como empleado.

“Queremos que la empresa sea un camino para que los empleados se desarrollen como personas, profesionales y ciudadanos integrales de la nación”, señala Chen, en referencia a lo que califica como un paso más allá de las metas materiales o de producción.

“A medida que se fortalezca la fábrica se fortalecerá la comunidad, no en una relación directa pero sí consecuente”, explica e insiste en la importancia de que el aporte no se limite a lo monetario.

“No queremos ser sólo una caja chica sino la palanca para que surjan otras formas de producción que se conviertan en herramientas para el desarrollo social”.

Fábrica nuestra

Orinoquia, como cualquier industria socialista, tiene sus metas establecidas, pero el trabajo en equipo y el compromiso de los trabajadores acortan el camino y permiten ir más allá de lo planteado.

“Que se tome en cuenta la opinión del empleado y que el diálogo y el consenso sean nuestras principales herramientas de trabajo no significa que no tracemos objetivos o que no existan llamados de atención cuando ocurren fallas”, afirma Kai Chen.

Sin embargo, destaca el hecho de que elevados niveles de compromiso y el claro entendimiento de lo que implica el trabajo en equipo propician un ambiente de disciplina mayor al que se observa en una empresa privada.

En Vtelca ocurre lo propio, y de ello da cuenta Akram Makarem, presidente de la empresa: “El compromiso y la conciencia de nuestros trabajadores nos permiten una eficiencia superior”.

Asegura que la apropiación del conocimiento y del proceso hace que cada empleado sienta y haga suya la empresa y trabaje con celo por el logro de las metas.

“Es nuestra fábrica, aquí no le reportamos a un patrón que nos explota y nos exige por encima de lo posible para generar una plusvalía; aquí el espíritu es de corresponsabilidad, de cuidar lo que es nuestro”, dice Makarem, quien se refiere a sí mismo no como un jefe sino como un trabajador más.

Él y el resto del equipo Vtelca velan por el cumplimiento de derechos que, en socialismo, abarcan mucho más que las prerrogativas que consagra la ley. En breve, contarán con un comedor, mientras atienden propuestas consensuadas de transporte, vivienda y educación. “Queremos ser más que un 15 y último”, expresa.

Economía no financista

“La lógica capitalista indica que los productos valen todo lo que el cliente puede y es capaz de pagar”, dice Kai Chen. En Orinoquia, la lógica apunta a que los costos se paguen y se genere una ganancia suficiente para cubrir los beneficios integrales del empleado.

Con menos de dos meses en el mercado aún no registran estadísticas de ahorro, pero, de alcanzar la meta de producción de 2 millones de equipos anuales, estiman gastar unos 20 millones de dólares menos al año por concepto de piezas y mano de obra nacionales que antes se importaban.

Akram Makarem, de Vtelca, no cuantifica con precisión el ahorro pero prefiere hablar del concepto de economía real, distinta a la financista, con el cual establecen sus verdaderos parámetros de ganancia.

“La economía financista contempla todos los antivalores que llevaron al quiebre en Wall Street, mientras la economía real alude a la necesidad de producir en el país, de reforzar la soberanía, es esa la mejor de las ganancias”, sostiene.

Revela que en muchos casos importar mano de obra resulta menos costoso, pero es un mecanismo en el que subyacen procesos de explotación laboral. En cambio, cuando una fábrica socialista abre puestos de trabajo digno en Venezuela, se ataca el desempleo y se distribuye riqueza y bienestar social.

“El fracaso del modelo norteamericano fue por eso, por querer ahorrarse costos explotando a trabajadores externos y negando opciones de empleo en su país. Al final tuvieron un producto más barato pero que fue en detrimento de su economía nacional y de su fuerza de trabajo”, detalla Makarem.

Señala que la procura de transferencia tecnológica para satisfacer necesidades propias, con producción criolla, comporta una valoración que no puede ser cuantificada financieramente y que permitirá transitar hacia procesos más eficientes bajo el modelo socialista.

“En capitalismo, el trabajador obtiene lo mínimo para vivir en condiciones de necesidad frente a un patrono que se queda con todo y vive grotescamente sobrado. Nosotros invertimos esa pirámide, en cuya base están los trabajadores con su gran esfuerzo y en la punta está quien obtiene el resultado de ese esfuerzo”, resume.

Makarem no duda de la sustentabilidad de los procesos productivos socialistas, pues lo que ocurre no es una supresión de la ganancia sino de la acumulación de ésta en pocas manos. Así, la ganancia pasa de ser exacerbada a equilibrada y suficiente para sostener el proceso y garantizar los beneficios a los cuales tiene derecho el trabajador.

“No son sabios ni especialistas, son las mayorías excluidas las que hoy tienen la posibilidad de participar en la creación de un modelo que no podemos decretar pero sí desarrollar a través de procesos sustentables para la vida. Ese es nuestro socialismo del siglo XXI”.

Lena Jahn

09:43 08/07/2010

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Repensar el modelo de producción y descentralización:

El camino al socialismo del siglo XXI

Por: www.elciudadano.cl
Fecha de publicación: 27/06/10

27 de junio de 2010.- Las relaciones de producción capitalistas, que hasta la fecha han logrado sobrevivir, crean problemas sociales que no han sido resueltos y que afectan gravemente a sus víctimas, la mayoría de la población. El análisis marxista y neo marxista plantea alternativas económicas y políticas sobre la base de la necesidad de redistribución de la riqueza y autogestión de los pueblos, solo posibles si se construye un modelo alternativo al capitalismo que algunos han denominado socialismo del siglo XXI, otros socialismo comunitario.

Martha Harnecker, escritora chilena y pedagoga popular, como a ella le gusta denominarse, se refiere a esta temática en esta entrevista que clarifica su pensamiento y que ella consideró no fue bien interpretado en una entrevista anterior que le hicimos en marzo pasado.

¿Qué piensas tú del marxismo cuando hoy estamos construyendo en América Latina experiencias que se alejan mucho de los planteamientos marxistas ortodoxos?

Para mí el marxismo nunca ha sido un dogma. Aprendí de Althusser que Marx sólo había puesto las piedras angulares de la nueva ciencia de la historia, que si la realidad cambiaba había que elaborar nuevos conceptos para dar cuenta de esas nuevas realidades. Yo no he encontrado una explicación más coherente del funcionamiento del capitalismo que aquella que da Marx.

Sin embargo, creo que no hemos sido capaces de elaborar una crítica del capitalismo de hoy —el capitalismo de la revolución de la información— y más aún al capitalismo llamado periférico, con la profundidad y la amplitud con que Marx hiciera la crítica del capitalismo de su época. Sabemos que la futura sociedad que queremos construir no va a surgir de nuestras cabezas y deseos, sino de la superación de las contradicciones de la actual sociedad y de la adecuada orientación que se de a sus potencialidades. Si nosotros no conocemos bien como funciona esta nueva etapa del capitalismo, no vamos a poder elaborar soluciones eficaces para superar sus problemas.

¿Es necesario hacer la recreación de El Capital ?

Más que recreación yo diría actualización. Como te decía, hay que crear nuevos conceptos para dar cuenta de las nuevas realidades. Pero no sólo falta este análisis crítico del capitalismo de hoy. Tampoco podemos ignorar lo que ocurrió al socialismo soviético. El hecho de que éste se viniera abajo en tan corto tiempo y que nadie en el mundo lo hubiera previsto, ni siquiera sus mayores enemigos, que hicieron todo por destruirlo, plantea a la izquierda un gran desafío. Creo que debemos estudiar a fondo estas experiencias y sacar de ellas las enseñanzas pertinentes para no cometer los mismos errores del pasado.

Si se analiza la crisis actual, se comprueba la vigencia de las reflexiones de Marx sobre el capitalismo. Los intelectuales han vuelto a interesarse en su pensamiento. No es Marx el que ha fallado, hemos sido los marxistas latinoamericanos los que, en muchos casos, hemos analizado nuestra realidad con esquemas prehechos, de ahí que en nuestros análisis sólo hablábamos de clase obrera y campesinado, desconociendo la importante presencia indígena en muchos de nuestros países. Yo estuve en Bolivia en la época del general Torres, en 1971, junto con Theonio Dos Santos y Rui Mauro Marini, nos reunimos con representantes de todos los grupos de izquierda de esa época en este país y en sus análisis sólo se habló de clase obrera. El factor indígena estuvo completamente ausente de la conversación. Tampoco tomábamos en cuenta el papel del cristianismo revolucionario. Esos son errores de los marxistas, no de Marx. No podemos atribuirle a Marx esa falta de análisis. La ciencia de la historia, estuvo mucho tiempo estancada porque se transformó en dogma, se la repetía como manual y no se la empleaba como instrumento de análisis.

Por supuesto que la clase obrera industrial de la época de Marx ya no existe hoy. En lugar de existir una gran clase obrera concentrada en barrios obreros, con conciencia de clase, tenemos hoy una clase obrera debilitada por las políticas neoliberales de flexibilización laboral, subcontratación, etcétera. La clase que según Marx iba a ser la sepulturera del sistema capitalista, hoy se encuentra fragmentada, divida, debilitada. Tenemos que repensar el concepto de trabajador hoy. La fuerza de trabajo explotada por el capital no está sólo en las grandes industrias y servicios sino en una gama de formas productivas y servicios que van desde las empresas subcontratistas pasando por la economía informal hasta el trabajo familiar. Todas estas formas entran de una u otra manera dentro de la red de explotación capitalista. Debemos pensar en un concepto de trabajador que las abarque a todas ellas. Debemos luchar por los derechos del trabajador que vayan más allá de su centro de trabajo.

¿Bolivia está en condiciones de dar un salto a una sociedad no capitalista?

Yo te diría que no se trata de dar un salto, se trata de ir avanzando en esa dirección. Creo que hay que recuperar las tradiciones y valores comunitarios, socialistas, que se están perdiendo. Cuando yo vengo (a Bolivia) hace dos años me dicen: “Nuestras comunidades tenían ciertos valores, pero la cultura capitalista está penetrándolas”, entonces de lo que se trata es de rescatar esos valores. Tampoco se puede rescatar todo, ese es el error de quienes piensan que tenemos que volver al pasado, no es la idea volver al pasado, sino rescatar los valores universales de la sociedad solidaria, humanista, preocupada por el desarrollo humano y el respeto a la naturaleza, y obviamente tomar de la modernidad el desarrollo de la civilización, de los elementos nuevos que liberan al hombre. Esas máquinas que el capitalismo usa para explotar, nosotros tendríamos que utilizarlas para liberar a la persona que trabaja, para impulsar un desarrollo que satisfaga las necesidades humanas.

¿Qué papel juega la propiedad privada y la propiedad social en el socialismo del siglo XXI?

Como marxistas sabemos que la forma en que se distribuye el producto social depende de la forma en que se encuentran distribuidos los medios de producción (fábricas, minas, tierras, servicios) en cada país, es decir, de quien es propietario de estos medios. Por eso, si queremos redistribuir la riqueza social en forma más equitativa, es básico que al menos los medios de producción fundamentales no sean acaparados por unos pocos y utilizados para su propio beneficio, sino que sean de propiedad colectiva, de propiedad de todo el pueblo.

Tu hablas de propiedad colectiva, de propiedad de todo el pueblo, ¿eso es lo mismo que propiedad estatal?

El socialismo el siglo XX tendió a identificar con la propiedad colectiva la propiedad estatal, a pesar de que Lenin insistió en que no era lo mismo estatizar que socializar la propiedad. Por eso es tan importante distinguir entre la propiedad formal y la apropiación real. El Estado representa formalmente al colectivo, pero para que el colectivo se apropie realmente de los medios de producción se requiere mucho más que un simple acto jurídico de expropiación de los capitalistas y de paso a manos del estado de esos medios de producción. (1)

Lo que ocurrió en la Unión Soviética y en la mayoría de los países que siguieron su ejemplo, no fue una real apropiación del proceso productivo por parte de los trabajadores, sino una simple estatización de los medios de producción. Éstos dejaban de ser propiedad de unos pocos, para pasar a ser propiedad del Estado que supuestamente representaba a los trabajadores del campo y la ciudad. Sin embargo, el proceso productivo mismo sufrió muy pocas modificaciones: la gran fábrica capitalista se distinguía poco de la gran fábrica socialista, los trabajadores seguían siendo un tornillo más de la fábrica, tenían muy poca o nula participación en la toma decisiones en su centro trabajo. Ese capitalismo de Estado mantenía la organización jerárquica de la producción, el gerente tenía un poder “dictatorial” y las órdenes se transmitían de arriba hacia abajo. El papel de los trabajadores era cumplir con la meta establecida, es decir, los trabajadores servían como correas de transmisión de las directivas estatales. Ese capitalismo de Estado —que Lenin veía sólo como un primer paso para salir del atraso y una de las varias relaciones de producción existentes en el período de transición— llegó a transformarse en la meta del socialismo del siglo XX.

Has hablado de que los trabajadores se apropien del proceso de producción, ¿podrías explicar más esta idea?

Apropiarse del proceso de producción es poder participar en la organización de la producción, en la toma de decisiones acerca del destino del producto, en la definición de la jornada laboral, etcétera. El trabajo, elemento central del nuevo modelo económico, en lugar de alienar a la persona que trabaja, debe permitirle combinar el pensar con el hacer para que al trabajar la persona vaya alcanzando su pleno desarrollo como ser humano y social. Los trabajadores y trabajadoras deben ser protagonistas en sus respectivos centros de trabajo.

El socialismo del siglo XXI no puede permitirse mantener intocables procesos laborales que alienan al trabajador o trabajadoras, no puede mantener la división entre trabajo manual y el trabajo intelectual. La persona que trabaja tiene que estar informada del proceso de producción en su conjunto, tiene que ser capaz de controlarlo, de poder opinar sobre los planes de producción. Hacia allí hay que caminar.

Pero, ¿están los trabajadores preparados para participar activamente en el manejo de la empresa?

No, no lo están, justamente porque al capitalismo nunca le ha interesado compartir con los trabajadores los conocimientos más técnicos acerca del manejo de la empresa, y aquí me refiero no sólo a los aspectos relacionados con la producción, sino también a los relacionados con la comercialización y el financiamiento de la empresa. Concentrar esos conocimientos en manos de la gerencia ha sido uno de los mecanismos que ha permitido al capital explotar a los trabajadores y trabajadoras. Por eso, uno de los primeros pasos que se debe dar para avanzar en el proceso de autogestión en las empresas, es permitir que los trabajadores y trabajadoras se apropien de esos conocimientos y para poder hacerlo, deben poder formarse. Debemos ir pensando en jornadas laborales que incluyan una o dos horas de preparación de los trabajadores para la gestión de las empresas. Si no se hace esto la autogestión de los trabajadores termina por ser una gestión del personal técnico que es quien realmente decide en esas empresas. Eso fue lo que ocurrió en la autogestión yugoslava.

Y también ocurrió que hubo un desarrollo muy desigual de las empresas, ¿no?

Qué bueno que me preguntas esto, porque creo que el punto débil de la autogestión yugoslava estuvo en no entender que los excedentes de una empresa autogestionada no podían ser acaparados sólo por ese grupo específico de trabajadores, sino que tienen que ser compartidos con la comunidad local o nacional según sea el caso. El modelo económico que queremos construir debe estar orientado a satisfacer las necesidades humanas de los habitantes del país, no puede limitarse a producir en forma más participativa dentro de la empresa sin tener en cuenta al resto de la población. Eso fue lo que no se tuvo suficientemente en cuenta en Yugoslavia. Hubo intentos de cumplir con este objetivo mediante un sistema de impuestos, pero estas medidas fueron combatidas por los propios trabajadores imbuidos de espíritu individualista.

¿Se opone la propiedad social socialista a la propiedad individual como la oposición trata de convencer al pueblo?

En todos los países en que hemos querido transitar hacia una sociedad socialista, las fuerzas reaccionarias hacen un gran esfuerzo por asustar a la población para ponerla contra nuestros gobiernos difundiendo una cantidad de ideas falsas. Una de ellas es que a las personas se les quitarán todos sus bienes y estos pasarán al Estado. Eso ocurrió en Chile, en Venezuela, y está ocurriendo en Bolivia y en Ecuador. Aquí es importante distinguir entre propiedad de los medios de producción y propiedad de los medios de consumo. La propiedad social de los medios de producción (fábricas, empresas, yacimientos) no se contrapone a la existencia de propiedad individual de una serie de bienes que las personas poseen para vivir en forma más o menos confortable. A estos bienes se les llama bienes de consumo. Por el contrario, el socialismo, al entregar más recursos a la gente da más posibilidades a esas personas para que sean dueños de más bienes (televisor, refrigerador, artículos electrodomésticos que facilitan el trabajo en el hogar) y tengan acceso a más servicios (salud, educación).

Contrariamente a lo que dice la oposición, la propiedad social de los medios de producción estratégicos favorece a la propiedad privada. Nunca Marx pensó que había que quitarle a una familia estos bienes de uso personal. Por otra parte, el socialismo del siglo XXI no sólo respeta la propiedad privada de los bienes de consumo sino también la propiedad de pequeñas y medianas empresas y servicios siempre que contribuyan a generar empleo y que produzcan para satisfacer las necesidades de la gente.

¿El desafío de los gobiernos latinoamericanos es propiciar cada vez más la participación del pueblo en la conducción real del país?

Exacto, ese es uno de los criterios para saber si un gobierno está avanzando al horizonte socialista, hay otros criterios pero ese es el principal, porque el socialismo no se puede decretar desde arriba, no se puede construir sin protagonismo popular. Por eso el socialismo soviético se derrumbó, el pueblo no se sintió constructor de la nueva sociedad.

¿Podemos decir que estamos en periodo de transición al socialismo en América Latina?

Yo creo que nuestra transición es diversa a la transición que Marx pensó: el pensó que el socialismo iba a comenzar a construirse en los países más desarrollados desde el punto de vista capitalista. Pero la revolución socialista surgió en Rusia, uno de los países más atrasados de Europa y el gran desafío fue avanzar al socialismo a partir de esa realidad. Conquistando todo el poder del Estado, ese proceso logró salvar al pueblo ruso del hambre, le dio salud, educación. No hay que desconocer esos logros, porque mucha gente cuando critica al socialismo real se olvida de que esos esfuerzos socialistas permitieron que la gente saliera del atraso, que sus pueblos pudieran comer, educarse, etcétera. El gran problema entonces fue que esto se hizo desde el Estado: el Estado, paternalista, solucionaba los problemas de la gente y ésta era mera receptora de los beneficios, pero sin ninguna posibilidad de actuar, de sentirse parte de lo que se estaba construyendo.

En América Latina nosotros no empezamos conquistado el poder del Estado, comenzamos conquistando el gobierno, con grandes debilidades: Un aparato de Estado heredado que muchas veces bloquea las decisiones del gobierno, unas fuerzas armadas educadas para reprimir al movimiento popular y defender los intereses de las oligarquías, parlamentos y poderes locales mayoritariamente opositores. Pero esta situación ha ido cambiando. En el caso de Venezuela se hizo la constituyente, esto permitió cambiar la correlación de fuerzas en el parlamento, en los gobiernos locales y además Chávez cuenta con el ejército. La transición pacífica venezolana no tiene nada que ver con la transición pacífica de Allende, en ese caso fue transición pacífica no armada y en Venezuela es una transición pacífica armada. La situación en Bolivia hace un año y medio era catastrófica, era un gobierno que no controlaba al resto de los poderes del Estado, hoy día ha cambiado bastante la situación. La responsabilidad actual de nuestros gobiernos es enorme, porque ya no hay argumento para no poder avanzar: antes no se podía avanzar porque nos estaban bloqueando, ahora mucho depende de cómo el gobierno vaya implementando sus propuestas.

¿En tu último libro “América Latina y el socialismo del siglo XXI” pones especial acento en el tema de la descentralización ¿a qué se debe esto?

Lo que pasa es que si nosotros realmente queremos que exista protagonismo popular tenemos que crear espacios que permitan a la gente ser protagonista, es decir, no simplemente limitarse a levantar la mano para aprobar cosas, o participar en campañas del gobierno, sino ser capaz de tomar decisiones y de velar porque éstas se cumplan. Si se decide todo centralmente se está impidiendo que la gente ejerza un verdadero protagonismo.

Se ha hablado mucho contra la descentralización neoliberal, porque el proyecto neoliberal pretende debilitar el Estado, diluir las luchas que antes se concentraban en él en luchas locales con mucha menor influencia a nivel de país. Nuestra descentralización, en cambio, que yo denomino descentralización socialista para diferenciarla de la neoliberal, al promover la existencia de comunidades organizadas que toman democráticamente decisiones, que se sienten construyendo su historia, y que por ello se transforman en los pilares del edificio democrático, contribuye a fortalecer el Estado nacional en lugar de debilitarlo.

Por otra parte, estoy convencida que el burocratismo del que padecen nuestros estados no puede atribuirse sólo a una herencia del pasado, sino a que todavía no hemos sido capaces de descentralizar muchas de las funciones del Estado. Si todo depende de la firma del presidente, o del ministro correspondiente, si muy poco se puede decidir en las regiones, municipios, comunidades, es lógico que el proceso se burocratice, se vuelva mas lento, que las autoridades subordinadas no asuman responsabilidades, que se de el fenómeno del peloteo que tanto molesta a la gente.

Creo que deberíamos pensar en descentralizar todo lo que se pueda descentralizar, para que el Estado central asuma eficientemente las tareas que le son propias, aquellas que no se pueden asumir desde abajo sin una articulación central como las de defensa nacional, la de planificación nacional y distribución del excedente de las grandes empresas estratégicas, la política internacional, etcétera. Por supuesto que esta descentralización que yo llamo socialista implica un pueblo organizado que controle, que revoque a los funcionarios que no cumplen, que ejerza realmente el poder desde abajo, apoyando a su gobierno, fortaleciendo su gestión.

NOTAS

(1) Sobre los conceptos de propiedad y apropiación real ver: Marta Harnecker, Los conceptos elementales del materialismo histórico, Capítulo II. La relaciones de producción y Capítulo IX: La transición.

A

Bolivia: ni calco ni copia

Por Guillermo Almeyra - 28 de Febrero, 2010 – Publicado en La Jornada  de México – http://revista-amauta.org   

El andino José Carlos Mariátegui, nuestro Amauta moderno, edificó los tres pilares fundacionales de la ciencia social en este continente al decir que sin la liberación de los indígenas no habría ni democracia ni socialismo en América, que las raquíticas burguesías nacionales y sus fuerzas políticas no podrían realizar las conquistas democráticas (como la cuestión de la independencia nacional o la de la tierra) y, por lo tanto, éstas deberían ser concretadas por el socialismo y, por último, que éste, en nuestras tierras, no podía ser ni calco ni copia de las experiencias hechas en otros continentes, donde existía una densidad histórico-cultural muy diferente.

El curso revolucionario actual en Bolivia está comprobando esas afirmaciones. En el surco abierto por el gobierno nacionalista de Gualberto Villarroel (1943-1946) con la primera asamblea indígena y después por la revolución de 1952 y por la asamblea popular a fines de los años 60, en tiempos del gobierno del también nacionalista general Juan José Torres, el gobierno de Evo Morales-Alvaro García Lineras está construyendo una Bolivia con un Estado basado en el masivo consenso indígena, una nación democrática y moderna que lucha por su independencia y la de todos los países latinoamericanos, en la perspectiva de la creación de un régimen social diferente que saque al país del capitalismo en condiciones de aguda dependencia.

Ahí empiezan los problemas, porque la meta social está definida mucho más por lo que no debe ser –ni el llamado “socialismo real” totalitario, ni la imposible política de la socialdemocracia– que por un proyecto común. Existe la convicción de que ese cambio social no puede ser ni calco ni copia de la experiencia rusa, yugoslava, china, cubana, sino que debe apegarse a la historia y las condiciones bolivianas. Y, por supuesto, la conciencia de que un aparato estatal fuerte apoyado en el movimiento campesino y en los trabajadores urbanos será la herramienta fundamental para construir las bases de una transformación profunda de Bolivia, que es un país vasto y riquísimo, apenas poblado por menos de 10 millones de habitantes y con gran cantidad de trabajadores emigrados, sobre todo a Argentina, Brasil y España.

Pero ahí acaban las coincidencias en el mismo gobierno y en su partido, el Movimiento al Socialismo. Hay, en efecto, quien teoriza que el gobierno actual es el “gobierno de los movimientos”. Pero éstos no tienen proyecto alternativo al capitalismo y, además, se basan en la defensa dentro de este sistema de las condiciones de vida y trabajo de sus integrantes y, por eso, entran muchas veces en choque con otros movimientos sociales y con el gobierno mismo y asumen muy a menudo un aspecto corporativo.

También existe quien piensa que es posible crear un modelo capitalista de los pobres, llamado capitalismo andino, que se basaría en una alianza entre lo que queda de los ayllus (es decir, las comunidades prehispánicas) y la incipiente burguesía nacional, con el Estado como aglutinante. Pero ese Estado es hoy capitalista y, por lo tanto, somete aún más a un tremendo desgaste a los restos comunitarios –mediante el mercado, la educación, las leyes, los impuestos– y tiende además a sustituir a los elementos de la naciente burguesía nacional, que incluso nacen también de la disolución de las comunidades. Los ayllus, por otra parte, ya desde tiempos de la Colonia dejaron de ser autosustentables porque dejaron de ser territoriales (es decir, de tener tierras en las montañas, en la falda de éstas y en los valles, para compensar con diversas producciones los problemas climáticos) y tuvieron que concentrarse en comunidades inventadas.

Hay también los que se dan como meta un socialismo comunitario no muy bien definido. Es cierto que, como planteaba Marx en sus célebres cartas a Vera Zasulich, es teóricamente posible que en algunos países no industrializados y con fuerte base campesina tradicional el socialismo se apoye fundamentalmente en las comunidades agrícolas no destrozadas aún por el desarrollo del capitalismo. Pero el capitalismo de hoy no es el del siglo XIX y existen aymaras que exportan a China y allí instalan sus hijos porque salen de la comunidad directamente al mercado mundial. El capitalismo, por otra parte, subsume hoy la agricultura y todas las relaciones precapitalistas y penetra, con sus ideas y sus mercancías, por cada poro de la sociedad. Las comunidades se diferencian internamente a gran velocidad y se disgregan. Además, el socialismo requiere una educación colectiva, pero también alternativa, científica, desmistificadora. Ese es el papel del partido que aún no existe y que el MAS no desempeña, ni cumplen tampoco los movimientos sociales. Para ser socialista, por otra parte, hay que dejar de verse primordialmente como comunitario, indígena, obrero o campesino, para no perder esas identidades pero integrarlas en una superior, la de un hombre o una mujer libres, internacionalistas, solidarios, lo cual está lejos de ser el caso en la actualidad.

Hoy, si dejamos de lado algunos militantes provenientes de los viejos partidos de la izquierda, el grueso de los cuadros del MAS son nacionalistas pragmáticos y atribuyen al Estado el tradicional papel extractivista y distribucionista que tenía el desarrollismo nacionalista clásico de 1952. Al mismo tiempo, encuentran en la particularidad de sus movimientos la oportunidad para hacer carrerismo en el Estado apoyándose en bases propias, que tienden a controlar burocráticamente. Esto abre el camino a una doble burocratización: la de los dirigentes que se integran en el aparato estatal y la de la verticalización creciente de las organizaciones de base, con fines y por medios clientelares. Aquí está el nudo del problema: en la carencia de fines claros para la superación del capitalismo y en la falta de un partido, democrático, pluralista, no estatista, que dé importancia a la discusión teórica y a la formación política de sus cuadros.

Marta Harnecker:
"El Socialismo del Siglo XXI no debe ser ni calco ni copia sino creación heróica"

Entrevista de Laura Lopez Auza – La Prensa, Bolivia – Abril 13, 2010

 

“Los procesos que vivimos en América Latina no pueden medirse sólo con la estadística económica”. “Uno no puede lanzar al Ejército a destruir a la oposición, tiene que ganar en las urnas”. El socialismo soviético fue derrotado, era el socialismo del siglo XX y cayó en muchas deformaciones”.

El entrecomillado de arriba es de las palabras de la teórica marxista-leninista y socióloga chilena Martha Harnecker, que se apoya en la frase del desaparecido político socialista peruano José Carlos Mariátegui. Esta pensadora, hoy asesora del Gobierno venezolano de Hugo Chávez, estuvo recientemente en suelo boliviano y habla en esta entrevista del horizonte socialista en países de la región latinoamericana y caribeña; hace hincapié en Bolivia, analiza las causas del impacto continental del liderazgo del presidente boliviano, Evo Morales Ayma, y brinda algunas pinceladas sobre las premisas que sustentan al denominado socialismo del siglo XXI.

—¿Usted percibe que Bolivia está transitando hacia un modelo socialista?

—Estamos empezando a caminar hacia su horizonte, como dice el vicepresidente Álvaro García Linera, y mucha gente ha conocido las cosas negativas del socialismo porque ha sido satanizado por la oposición, y han habido muchos errores; entonces, es importante distanciarse de esa experiencia práctica que tuvo muchas limitaciones y no es la que nosotros queremos copiar, sino que tenemos que construir una alternativa que tiene que ser muy adaptada a cada realidad nacional. No se trata de copiar esquemas, ¿no?, ni Cuba ni Venezuela, ningún esquema; y en base a ello, este socialismo del siglo XXI toma las palabras de (José Carlos) Mariátegui, una experiencia que no sea ni calco ni copia, sino creación heroica.

—¿Qué países están inmersos en la región latinoamericana en este proceso socialista?

—Bueno, hay clasificaciones que han hecho varios analistas que dicen que en nuestro subcontinente, como le llamo yo, que no solamente implica América Latina, sino también el Caribe, hay gobiernos que continúan con las políticas neoliberales. Los más conocidos son el de Perú, Colombia, México y ahora probablemente Chile; y dentro del resto ha habido un avance muy grande de las fuerzas progresistas y de izquierda, todos estos otros gobiernos han triunfado con banderas antineoliberales apoyados por los pueblos que ya conocen lo que es la experiencia del capitalismo neoliberal, el aumento de la pobreza, la distancia entre ricos y pobres, el desmantelamiento de las industrias nacionales, el ataque a la naturaleza.

Entonces los pueblos empezaron a reaccionar, primero a resistir, en muchos casos salieron gobiernos por la presión popular, pero durante un tiempo no había alternativa, hasta que se empezó a comprender que había que apoyar a candidatos que se planteaban un programa alternativo al capitalismo neoliberal, y así triunfan gobiernos que son muy diferentes. Dentro de estos gobiernos hay algunos que ya han empezado a romper con el el modelo económico neoliberal, empezando con Venezuela.

Todos estos gobiernos coinciden en la necesidad de plantear una alternativa al capitalismo neoliberal, fundamentalmente a la lógica de lucro, al individualismo, al consumismo, y le han puesto distintos nombres. El presidente venezolano Hugo Chávez fue el primero en hablar de socialismo y le puso muy rápidamente una calificación: socialismo del siglo XXI, porque el socialismo que se ha conocido como experiencia en el mundo, especialmente el socialismo soviético, fue derrotado, (era) el socialismo del siglo XX, y cayó en muchas deformaciones.

Por eso no es una fuente de inspiración para el socialismo del siglo XXI. Se critica el estatismo, además que ha sido satanizado por la oposición; bueno, la propia izquierda no se identifica ni con el estatismo ni con la falta de democracia, ni con la planificación burocrática ni con el colectivismo, ni con el ateísmo, ni con el partido único en la manera en que se practicó en ese momento. Entonces por qué hablar de socialismo cuando hay tanta carga negativa, y ahí yo creo que el presidente Chávez consideró que los valores socialistas, que son muy antiguos —desde los profetas y Jesucristo—, las tradiciones de las comunidades indígenas de nuestros países, los valores solidarios, los humanistas, el respeto a la naturaleza, había que rescatarlos, era cuestión de diferenciar el socialismo que queremos construir del anterior.

Coincido con Álvaro García Linera cuando él dice: “El horizonte al que vamos es el socialismo, pero podemos llamarlo comunitarismo, podemos llamarlo vivir bien”. Los ecuatorianos discutían si ponerle (de nombre) “sociedad de la plenitud”. Porque el objetivo que (Karl) Marx planteó, y es bien poco conocido, de la sociedad alternativa al capitalismo, se conoce más el de los trabajadores libremente asociados, pero no se conoce tanto aquel párrafo en que él insiste en que la sociedad que queremos construir es aquella que satisfaga el pleno desarrollo humano, que cada uno se desarrolle según sus capacidades y que es en la transformación, en la práctica de la trasformación de las circunstancias, cómo la gente se va transformando a sí misma, va desarrollándose, va venciendo la cultura heredada; porque tenemos que ser realistas y saber que venimos de una cultura individualista, clientelar, consumista, y que eso no se supera por decreto ni por decisión de una vanguardia que dice “vamos a hacer el socialismo”, es un proceso de transformación y la gente se transforma fundamentalmente actuando en solidaridad, en comunidad.

—¿Cuál es su apreciación sobre la proyección política futura de Bolivia?

—Soy muy optimista, porque vine hace un año y medio y la situación era muy diferente. Yo creo que ha habido una gran capacidad, una estrategia muy correcta para ir acumulando fuerza dentro de estos procesos de tránsito pacífico que son tan complejos, porque uno no puede lanzar al Ejército a destruir a la oposición, tiene que hacer procesos electorales, ganar en las urnas. Aquí en Bolivia, ¿por qué el pueblo ha apoyado electoralmente?, porque se está viendo la transformación, se está viendo la diferencia entre los anteriores gobiernos y éste, se está viendo la intención clara de este gobierno por favorecer a los sectores más pobres.

Preguntaba cómo se tomaban la decisiones en el gabinete, entonces el Vicepresidente me contaba que siempre que había discusiones, la pregunta era: “¿Esta medida, o este programa, o este proyecto, favorece a los sectores más pobres?”. Porque otros gobiernos pensaban: “Tenemos el apoyo de Estados Unidos, vamos a conseguir dinero de tal transnacional” Aquí el criterio ha sido ése, y creo que la gente lo siente, y no sólo la gente más pobre, sino las capas medias, la mayor parte de productoras que han sido favorecidas con créditos, con estímulos, con la compra de sus productos asegurándoles, digamos, su ciclo económico.

Entonces, yo estoy optimista, pienso que hay todavía mucho que recorrer, por supuesto. Cuando me cuenta el Ministro de Minería (José Pimentel), por ejemplo, la situación en que encontró todo el proceso minero, es muy complicado, es muy complejo, y el pueblo y los sectores trabajadores están inmersos también en la cultura anterior. Entonces uno tiene que producir un proceso de transformación cultural en todos los planos, y es un proceso lento. Y vienen los gobiernos populares, pueden haber muchas reivindicaciones economicistas de sectores de la sociedad que ahora dicen: “¡Ah!, ahora somos gobierno, ahora tienen que resolvernos los problemas”. Y no se dan cuenta de que los problemas no se pueden resolver todos al mismo tiempo; hay que ir estableciendo prioridades, hay que ir avanzando lentamente.

—¿Cuál es el impacto latinoamericano de la asunción presidencial de Evo Morales?

—No, (un impacto) a nivel mundial. Creo que realmente es un dirigente que ha llamado la atención, primero, porque no se pensaba que un indígena podía llegar al gobierno; luego por las posiciones que ha tenido, porque no se trata de un indígena porque es indígena, sino las posiciones que ha tenido dentro de Naciones Unidas, ahora en la Cumbre Climática. Otra es la propuesta de la Gran Cumbre Climática que van a realizar en abril en Cochabamba.

Es impresionante cómo un dirigente indígena que yo conocí entre 1987 y 1988 en unas reuniones que había en Argentina, cuando él era entonces dirigente cocalero, muy tímido, hoy es el símbolo, diría yo, de la lucha por respetar la naturaleza en el mundo, que es un tema central, porque la crisis del capitalismo actual es crisis ecológica también, y todo el mundo constata lo que está pasando. Entonces, yo me imagino que ustedes los bolivianos deberían estar orgullosos de tener un presidente que no sólo es Presidente de Bolivia, podríamos decir que es el presidente de la lucha por el respeto a la naturaleza en el mundo.

Estuve en Vietnam, en Europa, en Canadá y en otros países de América Latina, y hay un gran respeto (por Bolivia). Creo que nos contaban los compañeros bolivianos que cuando uno viajaba antes se encontraba con bolivianos, en los países que han tenido que emigrar por razones económicas, muy apocados, y ahora se sienten confiados, dignificados. Por eso es que digo que estos procesos que estamos viviendo en América Latina no pueden medirse sólo con la estadística económica, creo que lo más grande que nuestros gobiernos han producido es la “dignificación de nuestros pueblos”.

Creo que hay una cosa muy positiva en Evo, y que no viene sólo de ahora que es Presidente, sino que —a mí me tocó encontrarme con Evo en el aeropuerto de La Guaira cuando veníamos un grupo de venezolanos con el presidente Chávez, Chafic Handel, de El Salvador— y cuál fue el tema que yo tengo grabado: la preocupación por la corrupción. O sea, eso de bajarse los salarios, de tener serias medidas para impedir la corrupción, que es un cáncer que también ataca a nuestros propios cuadros ¿no? Es muy severo en eso, yo creo que eso le da confianza al pueblo, me parece que es muy importante, y además ha sido una de las banderas que ha llevado a la presidencia a muchos candidatos, porque la gente está harta de corrupción.

» GUERRERO, Modesto Emilio: "La tentación derechista en América Latina"

EDUCACION LIBERADORA:
 antítesis del capitalismo

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Sam: "Los niños solo sirven para trabajar"

Am@uta. Enero 20, 2010.- La educación dentro del sistema capitalista produce los individuos que necesita. En general, necesita compradores de cualquier cosa (robots). En general, necesita competidores para sobresalir (animales que luchan por sobrevivir). En particular, la educación debe producir, por un lado, elítes políticas para gobernar y perpetuar el sistema establecido, y elítes técnicas para desarrollar los instrumentos económicos, mediáticos, científicos y militares que sirvan para controlar y dominar a la población; para esto sirven las ciertas escuelas privadas especializadas. Por otro lado, la educación debe producir todo tipo de mano de obra (barata), no calificada o algo calificada; que provea servicios y fuerza bruta para producir mercancías que, al circular en el mercado especulativo, incrementen ganancias a los propietarios económicos; para eso estan mayormente las escuelas públicas y muchas privadas que se han mercantilizado.
Dentro del capitalismo la educación funciona libremente sin que nadie (especialmente el estado) meta la mano. Así se ha reproducido por más de dos siglos, y no va a cambiar, hasta que los pobres -apoyados por elites politicas progresistas, decidan tomar las riendas de su educación y futuro de una vez y por todas. No es imposible!!!. Latinoamerica se mueve sin sentirlo en esa dirección; en unos paises con mas firmeza y conciencia que en otros.
El mundo del futuro dependerá de las generaciones que un nuevo sistema educativo siembre ahora; uno que simplemente aprecie el potencial humano y espiritual de cada niño, y que lo lleve a su maximo rendimiento con todos los recursos que la sociedad disponga; uno que busque el equilibrio entre la vida, la tierra y las necesidades básicas; uno que no se obsecione por la cambiante moda y que, por tanto, explote los recursos vorazmente; uno que estimule y desarrolle todas las formas de solidaridad entre estudiantes. Es decir, un nuevo sistema que se funde en el amor ya que el capitalismo se funda en el egoismo.

» GRIGSBY, William: "El Fracaso del Capitalismo"

Socialismo del Siglo XXI:
la riqueza del Sur

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Am@uta. Diciembre 22, 2009.- En Setiembre de 1526, en su afan conquistador, al ver la penuria, hambre y la desilusión de sus huestes, Francisco Pizarro traza con su sable una línea sobre la arena de la Isla del Gallo, al sur de Panamá y las confronta para que decidan si continuan al sur "a ser ricos", o regresan al norte a "ser pobres". Fueron 13 los que decidieron ir al sur y por eso se les llama los "Trece Caballeros de la Isla del Gallo".
Hoy, sumidos en la miseria material y moral producto de la última promesa del capitalismo (el neoliberalismo) con la cual se dijo vendría el progreso y el bienestar, los pueblos latinoamericanos han trazado una línea de definición. Unos pocos, los que siempre disfrutaron del sistema establecido (las oligarquias) han decidido mirar atrás, al Norte, y prefieren lo mismo de siempre. Pero muchos, los que fueron siempre marginados del control, decisión, y beneficios del sistema, han decidio tomar el rumbo del Sur porque quieren "ser ricos" en dignidad y espiritu, porque quieren compartir esa riqueza que les pertenece a todos. Esta vez no son trece, son pueblos enteros que se han volcando a conquistar la promesa del socialismo que, como José Carlos Mariátegui dijera, para que triunfe tiene que ser "indoamericano", ni calco ni copia, sino creación heróica.
La experiencia mas avanzada en esa conquista se realiza en Venezuela. Marta Harnecker lo ilustra en la siguiente entrevista.

» HARNECKER, Marta. "El Socialismo es una Luz que ilumina el camino"

EL HAMBRE NO ES INVENCIBLE!

Am@uta. Diciembre 9, 2009.- En Noviembre pasado, el mandatario Alan García ordenó que sus ministros hicieran entrega personal a los presidentes de América del Sur su propuesta Protocolo para la Paz y Seguridad. En ella proponía la reducción del gasto militar para disponer recursos y combatir la pobreza y el hambre de más de 200 millones de Latinoamericanos. Fue una propuesta macroeconómica sin duda; para el estrado diplomático; y algo sospechosa en el contexto en que fue lanzada (reunión de UNASUR sobre las bases militares norteamericanas en Colombia).
Pero tanto la pobreza como el hambre afectan vidas concretas de ciudadanos que además de estómagos se distinguen por poseer un corazón y un cerebro con los que sienten y piensan. Visto desde esta perspectiva, el hambre y la pobreza debieran ser tratados como asuntos de estado y no de diplomacia, con políticas sociales y económicas concretas que comprometan todos los recursos posibles del estado pero, sobre todo, la participación conciente y organizada de los ciudadanos.
La experiencia nicaraguense, con sus instrumentos Bono Productivo Alimentario y Economía de Patio, ilustra una forma efectiva, no demagógica, de cómo se puede derrotar estratégicamente al hambre y la pobreza.

» GRIGSBY, William: "El Capitalismo y el hambre"

DEMOCRACIA SALVAJE
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Un régimen golpista es incapaz de engendrar democracia verdadera.

EL ESTADO ISRAELITA:
TRASPASA SU TIERRA PROMETIDA

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La llamas son bellas en los Andes cuando transportan alimentos... no armas!!!

Am@uta. Noviembre 15, 2009.- Yave abrió las aguas del mar rojo para liberar al pueblo de Israel de la opresión egipcia... y le prometió algo mas que una tierra. La teología oficial Israeli se ofuscó con la parte terrenal de la promesa divina y olvido su parte esencial: al Hijo de Dios, a Jesus quíen, descendiendo de David y naciendo de un carpintero y una campesina, se encarnó para mostrarnos que todos somos iguales y debemos convivir como hermanos, con Amor, en Paz, en solidaridad, y respeto mutuo.  
Lo escalofriante de ese reduccionismo teológico -que se llama sionismo en política, es que la concepción de una tierra prometida sin fronteras alienta por un lado un expansionismo brutal con sus vecinos -los Palestinos, Libanesesy Sirios, y por otro una intromisión en tierras lejanas para sembrar contra-valores. La promoción de entidades híbridas para vender pertrechos de guerra y contrasubversivos, para entrenar ejércitos extranjeros (como la Global CST), espiar, y desestabilizar regímenes que se construyen sobre valores de paz, inclusión, democracia participativa, solidaridad, cooperación como los que brotan en Latinoamérica hoy, es la otra forma de la expansión de baja intensidad que practica el estado Israelita estos dias en alianza con estados igualmente macquiavélicos como el que conduce el mandatario peruano Alan García. Ay si las llamas hablaran señor presidente!!!
 

» ALVARADO GODOY, Percy Francisco. "El Capítulo Peruano de la injerencia Israelita en América Latina"

El líbido del Capitalismo:
la guerra!!!

Am@uta.- Noviembre 7, 2009.- La historia revela que las guerras han sido impulsadas por un afan expansionista y de control imperial. Control territorial (político), de los recursos naturales (económico), social (de las poblaciones) e ideológico (de las mentes y conductas). La mezcla de estos motivos ha variado segun las fases y los espacios donde los conflictos se han dado. El imperio de nuestra época, el capitalista, ha elevado su afán guerrerista a su máxima sofisticación desarrollando usos y formas de control socio-ideológico basados en las revoluciones en tecnología mediática e informática de finales del siglo pasado (XX), para complementar el control geo-político. La guerra en sí o la victoria no lo miden por la cantidad de destrucción material y de vidas humanas sino por el control total resultante. La destrucción y la muerte son, para el imperialismo actual,"daños colaterales", insignificantes que no cuentan para el éxito.

» FREYTAS, Manuel. "Factor primario: Por qué el Capitalismo hace la guerra y no el amor"

MARIATEGUI: 
el Mito y la Revolución Bolivariana

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Am@uta.- No, José Carlos Mariátegui no esta muerto. Esta vivo incluso mas allá de su Perú. El eco creativo de sus ideas y su fé marxista hoy repica por caminos, valles, montañas, llanos, selvas, costas de varios escenarios de Latinoamérica donde se construyen proyectos originales de socialismo, donde hablar de esta transformación liberadora y dignificante para las mayorias excluidas y oprimidas por las tradicionales oligarquias, burguesias apatridas, y el imperialismo norteamericano, es motivo de orgullo. Intelectuales y activistas buscan beber del pensamiento latinoamericano crítico y constructivo que es basto, y asi comprender mejor el presente y el alcance de sus proyectos.
Venezuela es el escenario donde el socialismo, asi llamado Bolivariano, se despliega pujante, creativa, y alegremente. Se dirige por una senda que, en apenas 10 años, hace ya imposible imaginar el retorno de los oligarcas y entreguistas. En esa construcción heróica, reencuentran a Mariátegui para confirmar e iluminar sus verdades y tareas. Como dice Sotillo, el mito del que habla Mariátegui en Venezuela es "multitudinario" y poderoso: "[l]os poderosos del mundo que quieren ponerle la mano a Venezuela tienen que saberlo bien, antes de emprender cualquier intervención aventurera contra nuestro pais; [porque] aqui !Bolivar Vive [carajo]!".

» SOTILLO, Isrrael: "El Gran Maestro Peruano Alumbra el Antiimperialismo de la Revolución Bolivariana"

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Perú, una nación posible!